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¿Qué extraño, no?


Estás vivo y pocas personas de verdad están a tu lado; sin embargo, si mañanas mueres muchísimas personas querrán estar junto a ti, incluso las que menos imaginas.

Vives y echas de menos que te abracen, tanto en momentos buenos como malos, y si mañana mueres nadie querría soltarte, muchas personas desearían tenerte otra vez entre sus brazos.

Hoy estás aquí y nadie o pocas personas tienen un detalle contigo, pero si mañana mueres te regalarán ramos enteros de flores.

En tu presente pocos te tienen en cuenta o al menos, no de la manera en que te gustaría, pero cuando mueras serás popular como mínimo, un día entero: colocarán fotos tuyas en sus redes sociales, dirán todo lo que te querían y lo especial que eras…

Qué paradoja la de la vida, que parece que no aprendemos a apreciar el hoy, a vivir aquí y ahora, a disfrutar de lo verdaderamente importante, a valorar a las personas que realmente queremos, a dejar de lado la hipocresía , que parece que se ha convertido en nuestro día a día.

Nos olvidamos de pedir lo que necesitamos como si no nos mereciéramos el cariño de la persona que tenemos al lado, no nos permitimos decir “te echo de menos” o “te necesito” por miedo a no ser correspondidos, como si no fuésemos merecedores del amor de la otra persona… Y entonces esperamos, esperamos a que el otro adivine lo que queremos, esperamos que aquello que queremos de nuestra vida caiga del cielo o que se alineen los astros como señal de que ha llegado el momento de hacer lo que siempre hemos querido hacer.