Escuchar


En la actualidad me atrevería a decir que no, incluso que es una de las tareas más difíciles. Si lo piensas, en la mayoría de las ocasiones mientras alguien nos está hablando, estamos preparando la respuesta que vamos a darle cuando acabe. Por lo que al final más que conversar lo que hacemos es emitir monólogos defendiendo nuestro punto de vista o perdernos en nuestro mundo

Nuestra mente está tan sobrecargada de información y de pensamientos que escuchar nos resulta en ocasiones una tarea casi imposible. Sin embargo cuando realmente escuchamos al otro y hacemos ese esfuerzo por centrarnos en la persona, se siente de una manera diferente.

Hay mucho que escuchar y muchos a quienes escuchar. No hace falta escuchar únicamente las cosas más dolorosas de la vida, a veces se necesita que a uno le acompañen también en las alegrías o en los recuerdos.

Que alguien se abra a ti y te cuente sus cosas no implica que tengas que ponerte a dar consejos o te conviertas en un libro de autoayuda, recitando frases como un oráculo o dirigiendo como si fueras su mamá.

A veces, los consejos pueden ser las tijeras que corten las alas de otra persona pues dejan de pensar y elegir por ellos mismos para hacer lo que otros han recomendado, creyendo que los otros saben más acerca de su vida de lo que ellos mismos saben.

Saber escuchar a una persona también es ofrecerle un espacio, respetar sus tiempos sin atosigarla para que cuente todo con pelos y señales. En muchas ocasiones, hay que esperar a que la otra persona esté lista para contar y uno sólo puede estar ahí, apoyando en silencio, esperando.

Por último, les comparto este texto de R.O´Donnel sobre la escucha

“¡Escucha!

Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a aconsejarme, no estás haciendo lo que te he pedido.

Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a decirme por qué yo no debería de sentirme así, no estás respetando mis sentimientos.

Cuando te pido que me escuches y tú piensas que debes hacer algo para resolver mi problema, estás decepcionando mis esperanzas.

¡Escúchame! Todo lo que te pido es que me escuches, no quiero que me hables ni que te tomes molestias por mí. Escúchame, sólo eso.

Es fácil aconsejar. Pero yo no soy un incapaz. Tal vez me encuentre desanimado y con problemas, pero no soy un incapaz.

Cuando tú haces por mi lo que yo mismo puedo y tengo necesidad de hacer, no estás haciendo otra cosa que atizar mis miedos y mi inseguridad.

Pero cuando me aceptas, simplemente, que lo que siento me pertenece a mí, por muy irracional que sea, entonces no tengo por qué tratar de hacerte comprender más y tengo que empezar a descubrir lo que hay dentro de mí.”


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Millet, Col. Extremadura Insurgentes, Ciudad de México. Junto al parque hundido

 

 

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