Cuando Duele el Corazón


Hace poco recordaba que de pequeña disfrutaba mucho de subirme a los columpios.

Recuerdo que me gustaba mucho subir, de hecho, me encantaba, aunque también me daba algo de miedo porque sentía que estaba a 10,000 metros de altura y que podía salir disparada, bajar era otra historia, no era tan divertido.

Me doy cuenta que algo similar me ocurre ahora en la vida; hay momentos en los que estoy arriba, en la cima donde tengo todo y estoy en control de absolutamente todo lo que ocurre en mi universo o por lo menos así lo siento.

Pero es muy diferente la historia cuando por cosas de la misma vida, me toca descender y tocar fondo, ahí el escenario cambia completamente. Ahí es tan difícil encontrar motivos para seguir adelante, ahí es cuando duele el corazón.

Y es que, a veces, la vida me enfrenta a circunstancias que van más allá de lo que puedo controlar. Situaciones que me asustan, que me sorprenden, que me amenazan.

Es exactamente en esos momentos en los que me va bien recordar que puedo recurrir a mis mejores recursos: acompañarme de las personas que me quieren, hablar de mis preocupaciones con seres compasivos, agradecer lo que sí tengo y lo que está bien, buscar consuelo en los pequeños pero grandes instantes de paz.

Contemplar lo bello de la vida, recurrir a la ternura, al arte y confiar… confiar siempre en que lo bueno que hemos sembrado nos llevará a una buena cosecha.

Recuerda que, aunque estés abajo, en algún momento estarás otra vez "arriba" porque así funciona el “columpio” de la vida.


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Millet, Col. Extremadura Insurgentes, Ciudad de México. Junto al parque hundido

 

 

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